
Al amanecer no había
más que secuelas intangibles
y ni una prueba
de que haya ocurrido.
No queda más que este
dolor encausado hacia tu nombre
impune,
desatado,
tiránico.
Tu nombre como una bala,
robándome la sangre y la vida,
dejándome sola, pensando
si de verdad fuiste mío
o sólo fue un sueño.