lunes, 12 de septiembre de 2016

Viaje



Podes ir tranquila,
nosotras mientras vamos a cantar bajito
todas las canciones que amaste en tu vida,
desde nanas hasta himnos
boleros y tangos,
para que en el camino nuestras voces te acompañen.
Ya podes transitar
por el tiempo circular de los recuerdos
y caminar sin preocupaciones, sonriendo,
por todas las calles de todos los lugares que conociste
y los que ibas a conocer,
en los días de primavera más hermosos
mientras el sol resalta
el color de tu pelo.
Sin ataduras ni limitaciones,
podes ir 
tranquila y etérea
 al encuentro
de todo lo que extrañabas y anhelabas
y habías perdido en este mundo.
No hay rendiciones ni abandonos,
no sabe nuestro amor de mortalidad ni desenlaces,
vos podés ir tranquila a esperar
el momento
(próximo o lejano, quién lo sabe)
en el que todas volveremos a estar juntas
de nuevo.

martes, 30 de agosto de 2016

Afasia

He olvidado el lenguaje
no puedo decir la falta que me hace,
ni romper el vasto silencio
que atraviesa los cuartos,
tiñe los pasillos mustios,
decolora los objetos de su casa.
Las otras realidades se cristalizan
y se deshacen,
lo que ya no pasará se transfigura,
y se implosionan de a uno los sucesos que quedaron esperando.
Algo ha ocurrido:
universos se han muerto con ella.
Yo me sumerjo aun en el pasado no tan remoto
en que poblábamos la mesa,
cuando su discurso indestructible  
englobaba el idioma,
y creaba con pasión transformadora
igual en su cocina que en el mundo.
Aun no puedo decir
la falta que nos hace en esta cotidianidad nueva,
en este septiembre sin augurios de primavera,
no puedo decirlo.
Universos se han muerto con ella
y yo me he olvidado las palabras.

miércoles, 6 de julio de 2016

Nosotras

Hubo un complot trascendental
de estrellas y universos,
un suceso cósmico
o, quién sabe, fue la insólita casualidad
del A.D.N.,
pero nuestra existencia empezó en un cierto punto
a correr paralela en este plano.
Y fueron letras y pasiones,
mate y recetas de cocina,
la era vacua de la subsitencia
se pobló de olores y colores
que pintaron tu vida y la mía, de igual manera,
colmándola
de obstinación y batallas sin tregua,
de recuerdos comunes y refranes,
de metáforas hastiadas y
del gran privilegio de ser
de estar
cada día de este breve e implacable tiempo.
En la pretensión de un sueño,
desconcertada y rebelde,
cierro con velocidad las aberturas
para que nada transcurra,
para que no te me escapes
y me niego al azar de una nueva  y sideral conspiración
que podría de hecho no reencontrarnos.
La luna se ha ido para siempre,
no hay nada que mirar en el cielo,
todo está acá donde aún sucede lo que somos.

sábado, 12 de marzo de 2016

Metamorfosis

Nada decanta sobre la hoja en blanco
ni el inolvidable trazo azul de tus palabras,
ni la mujer tapada de lluvia de mis sueños
que desde un rincón me miraba expectante
mientras el agua la asfixiaba.
El invernadero enceguece
con el dorado marrón de las hojas
que se secan irremediablemente.
Puedo decirte que ni la inspiración me habita
y que yo no habito ni el espejo,
que puede ser el hecho de extrañarte
o el otoño que se ha adelantado
o los cumpleaños cada vez con menos.
Nada es tan fácil,
ni siquiera lo obvio.
Solo el deseo grita ensordeciéndome
sin voluntad de contestar preguntas,
ni de elaborar cuestionamientos.
Tengo que anular mis sentidos
para poder ignorar a la extraña que aguardando su turno
me observa. 

sábado, 19 de diciembre de 2015

Daniel


Daniel,
en este tiempo nuestro he aprendido
que las canciones de desamor no me calzan
y que la melancolía me sienta fea.
Ahora en mis pesadillas no hay sombrillas volando
ni jeringas
ni lobos hambrientos acechando,
porque mi único temor es que algún día
no estés junto a mi cuando despierto,
y mi única calma y la cura
de mis males reales y de los inventados
es tu abrazo sanador e irrompible.
Mi amado amor,
vos me salvaste de todas las formas en las que era posible,
ahuyentaste los espectros y me hiciste
ser la mujer que quise ser siempre,
cuando me haces creer que puedo hacer 
todo lo que quiera y me proponga.
Daniel, no sos solamente
el nombre debajo de mi anillo
y el que tengo tatuado en la muñeca:
sos mi brújula en todos los espacios,
la musiquita bella que acompañará
las letras que aun no he escrito,
la resignificación de aquello
que creía que sabía y no sabía,
todo mi deseo unificado,
mi historia de amor,
mi vida.



lunes, 10 de agosto de 2015

Sueño lúcido

“Despertate, hija, estas soñando”
Pude sentir su mano en mi frente
su voz de susurro,
fragmentando la pesadilla que percibía
sobre una luna azul desarmándose
arriba nuestro,
que, en el intervalo de una apnea,
observábamos incrédulas
como se nos caían las extremidades
a un vacío insólito.
Era algo así como un viaje astral inesperado 
- dos años luz después,
qué poco tiempo- 
en el que un enorme agujero negro
comenzaba a consumirnos desde el centro.

“Despertate, hija, estás soñando,
el peor de todos tus sueños…”

domingo, 23 de noviembre de 2014

Mi abuela.

Mi abuela tenía escondida en la palma de la mano una semilla,
eso pensaba yo,
una pequeña semilla de mandarina.
Pero no era eso, no.
Mi abuela tenía escondidas en las manos
caricias infalibles y celosas
que muy rápido me recorrían la cara y me aquietaban.
Y no tan solo eso,
tenía un pulso bajito que, a veces,
cuando me ofrecía el reto de hallarlo
susurraba la lirica más bella que haya oído.
Mi abuela tenía un paso firme aunque de lado,
único,
y  un amnésico recuerdo selectivo
que nos volvía seres maravillosos.
Tenía todo el lenguaje atesorado en cuadernos amarillos,
agrupado desprolijo,
y al dibujarlo en su voz era capaz
de cimentar una vida entera.
Mi abuela tenía una presencia tan perenne
que se ha ido pero todo el espacio
sigue poblado de su luz,
la terrenal y la celeste,
y parece cuento,
pero es verdad, mi abuela tenía una semilla en la mano.