jueves, 1 de junio de 2017

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Tu poder de hada
encendió mis átomos.
Todo el amor que me diste 
me iluminó,
me transformó.
Acurrucada como al principio,
en vos,
podría haber estado milenios,
pero fue tan poco tiempo...
Y sin embargo 
tu poder de hada
y tu amor
encendieron en mi una llama infinita.

miércoles, 3 de mayo de 2017

Como Orfeo

Je creuserai la terre
Jusqu’après ma mort
Pour couvrir ton corps

D’or et de lumière.
Je ferai un domaine
Où l’amour sera roi,Où l’amour sera loi,Où tu seras reine.
Ne me quitte pas…”
Jacques Brel



Eurídice,
cegada por el perfume de las margaritas
y por la ambición de oír a tu voz decir mi nombre,
he venido a buscarte
para develar la verdad contenida
en las últimas palabras que te dije.
No puedo solo desearte un plácido sueño,
un adiós con fresias,
ni conformarme con aquello
de atesorar el tiempo compartido.
Mis manos se quedaron sin fuerza
y mis versos no hacen otra cosa
que dirigirme al lugar donde te encuentras.
No temo al castigo de los dioses,
navego como una autómata
por sitios recónditos
creyendo que es posible encontrarte,
mirarte una vez más,
integrar la materia
y volverte hacia mi espacio.

lunes, 20 de marzo de 2017

Disforia

Hubo un tiempo, no tan lejano,
en el que el dolor se limitaba 
a ser el pie derecho enganchado
en los rayos de la bicicleta
y las pérdidas se trataban 
de perritos que corrían estrellas.
Absurdo pensar que creí 
que el corazón se rompía por un hombre,
o que desperdicié versos
en pasiones que hoy me resultan fictas.
El miedo era un pinchazo,
o un aplazado en la libreta,
o la insinuación del cuerpo que tapaba
para no provocar a ningún lobo.
Parece que fue hace un siglo
pero tan solo unos años atrás 
las mujeres de mi casa estaba vivas
y la muerte no se representaba
ni siquiera en las peores pesadillas.
Todo era porvenir, nada incompleto,
la perfección estaba al alcance de la mano
y las voces que hoy añoro resonaban cotidianas, inagotables,
haciéndome creer que aquellos días 
no se terminarían nunca.

miércoles, 15 de febrero de 2017

Pasa

Cuelgo desde el techo,
muda y degollada.
Una gota irrefrenable de sangre
que trae consigo un caudal de nones,
golpea contra el piso y suena
a un estrépito de hipótesis trágicas
que se agolpan y ocurren,
se agolpan y ocurren ahora,
no en las fatídicas pesadillas de pasado mañana
Ocurren ahora,
como si no quedara más tiempo
para desangrarse.