viernes, 22 de septiembre de 2006

Los poemas y la ira.

Siempre supe que yo cometía todos los pecados capitales, debe ser por eso entre otras cosas que el catolicismo no me pareció la respuesta a mis busquedas espirituales y me llamó más la atención el politeísmo.
Estos pecados no sólo eran practicados por mi sino que algunos de ellos también me atrían profundamente, hasta hacerme pensar que era una pecadora por naturaleza y que nada ni nadie podría cambiarme (sin tomar esto como un castigo, el ser pecadora era considerado una bendición)
Amé de esta manera, algunas temáticas específicas de la literatura por la simple identificación que conllevaban. Me parecia maravillosa mi soberbia pero la veía absolutamente chocante en Borges, por lo que me dediqué a leerlo para criticarlo y si alguna vez me gustó su obra sólo por orgullo lo callaré hasta el día que Buda me reencarne.
A la avaricia la manifesté a través del robo indiscriminado de libros de biobliotecas, amigos y ex novios, porque más allá de ser una estudiante de derecho, considero que el robo de libros no es delito excepto que sea un libro de mi propiedad el objeto de tal improperio, caso en el cual, al mejor estilo de mi admirado Juan Manuel de Rosas, mandaría al ladrón a la mazorca olvidando los cien años de perdón que la daría un refrán popular.
A la lujuria la manifestó mi promiscuidad asumida a muy tempana edad (casi antes de nacer) y supongo que por esta bendición es que caí rendida ante el enamoramiento fatal que mis viejos escritores me provocaban, pensando en perseguir a Benedetti o a Serrat por todo el planeta para llevar a cabo mis peores intenciones. (Supongo que de manera graciosa y hasta guaranga la gula podría relacionarse con los últimos dos pecados)
La pereza me suele invadir, en la mitad de algún libro que nunca me entusiasmó pero que leí por X causa, haciendo de mi placentero hobbie, un largo tormento.
Y la ira, mi querida ira, que me complace en los tangos de Discépolo y en los poemas de Alma Fuerte. Hombres determinados llevaron a que este sentimiento se impregnara en mis poemas rojos y se apoderara de ellos en muchas ocasiones. Recuerdo sus caras y sus palabras, pero se encarga una parte de mi de olvidar sus nombres, por lo menos hasta el día en que me decida a deschabarlos a todos en una novela autorreferencial y más de uno se tenga que ir del país a buscar asilo.
Recuerdo ahora los versos de un poema no muy viejo, escrito por mi a modo de catarsis y llamado "Eres tan poco"
"Dices, actuas en lo opuesto
de lo que eres, porque te conozco,
te matan, te hieren lo celos,
te sientes pequeño cuando estoy con otro;
recuerdas aquellos momentos
en los que jugamos a abandonar todo
por un simple romance incompleto
por un gran capricho tonto.
En tu ego te muestras perfecto,
te sientes perfecto (pero eres tan poco)
Algún día te dije te quiero,
sé que fue mentira ahora que lo evoco.
Algún día me robaste un beso
y yo me quedé con todo:
te condenaste a desearme para siempre,
me condenaste a guardarte odio"
Se lo merecía. Otros versos como estos colmaron el temario de mi adolescencia marcando mi estilo, por lo que muchas veces al escuchar la ira involucrada en creaciones ajenas mis allegados me decían "eso parece escrito por vos". Una mujer de cincuenta años con siete hijos y tres divorcios está encerrada en mi cuerpo (otros me han dicho que es un hombre homosexual de cuarenta, pero por suerte no me lo he creído) y escribe sus desventuras a través de mi.
Si me remonto a mi infancia la primera vez que sentí ira fue en el jardín, cuando Electra me influenciaba y como en los dibujitos animados el diablito sobre mi hombro me decía que todas las mujeres del planeta estaban enamoradas de mi papá, que en ese entonces todavía se parecía a Osvaldo Laport cuando era joven. En una oportunidad le dije a mi hermana que iría con un arma al jardín para matar a las maestras.
Mis primeras creaciones literarias no tenían ira, pero alguna vez alguien quiso analizar mis poemas y me dijo que le parecía raro que no hubiese tenido una etapa rosa. Este sentimiento mal entendido rondó mis creaciones a partir de mi primer desengaño, cuando me enteré que mi amado Antonio Gasalla era gay, por lo que las oportunidades con el eran nulas de nulidad absoluta e inoponibles a terceros.
Los últimos poemas con ira rondaron a personas más terrenales, algunas bajadas a los hondazos de las alturas de la idealización. Como el poema que escribí escuchando el tango "Afiche" y que se llama "Ríes":
Te ríes siniestro en tu locura,
te prenderás fuego entre las brazas del incencio que inventas,
algun día.
Y estaras solo como me has dejado,
estarás solo y olvidado,
auque hoy de mi dolor te rias.

El también se lo merecía. Y el día que alguién sepa la historia entenderá que la condena copiada de la Santa Inquisición no es exagerada. Mientras tanto, yo sigo escribiendo. A veces también sin ira.

5 comentarios:

El Marqués de Sade dijo...

"Escribiendo te podés vengar del mundo, sos tu propio rey".

Alfilgris dijo...

La Ira marca nuestras vidas, es el motor de creación, es el sentimiento creativo excelencia, muchas veces supuse que el mismo Dios creo el mundo en momento de Ira, del cual supongo se habrá arrepentido al siguiente instante, pero ya la cagada se la había mandado. Y si además del mundo debemos agradecerles las creaciones de muchos artistas (como usted señorita Literata) se puede decir que no nos podemos enojar con ella, ¿que contrariedad no?

Nicolás dijo...

Me hiciste acordar mucho a Alanis Morissette cuando cantaba las canciones de jagged little pill, en cuales reflejaba su enojo o, en este caso su ira, pero lo hacía de una forma ironica y entretenida. ¡Qué bueno que te puedas descargar de esa forma!

locaporlasfotos dijo...

Hija, q Dios perdone tus pecados, como dice San...jeje era chistecito, como siempre me quedo admirada por tus palabras...y me llevo mucho d lo q lei para pensar...especialmente el comentario del señor nicolas cuando dice q pareces Alanis (pobre, ha estado tomando seguro).Por otro lado me alegro q vayas abriendo tus horizontes y conociendo a narradorres como Allende, sin duda va a influenciar de buena forma tu escritura.

Anónimo dijo...

TODO EN TU ESCRITURA ES PERFECTO.- JAKAROE